Apuntes de Llanes

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Capítulo I, Libro I

Llanes desde Noé hasta Pelayo en Covadonga

I. Noé y Tubal en Asturias

Yéndose poblando España y otras provincias del mundo, el patriarca Noé, fue discurriendo y visitando por ellas a sus nietos y descendientes, que, como padre universal de todo el género humano, le tocaba ver y enmendar la orden del gobierno, y manera de vivir de los pueblos, y como tan santo, confirmarles y conservarles en el conocimiento del verdadero Dios, que después perdieron todos sino los descendientes de Abraham, y para instruirles en las Artes y disciplinas convenientes para la propagación del género humano. Con esta paternal providencia, vino también a España a ver a su nieto Tubal, que la iba poblando: Y discurriendo por toda la provincia, llegó a los últimos fines de ella, que son las costas de Asturias, e hizo edificar en ellas una población que fue llamada Noega en memoria de su nombre, o por llamarse así una nuera suya muger de Chamo; y en este lugar, dejó mucha gente de la que consigo había traído, para que le habitasen, y fuesen fundando otras poblaciones por aquella provincia, como lo afirman Juan de Viterbó y Juan Annio, alegando por autor de ello a Veroso en sus defloraciones caldáicas.

Dice Sangrador y Vitores en su historia de la Administración de Justicia en Asturias, que desarrollada extremadamente la afición a los estudios e investigaciones históricas, se han descubierto ya por diferentes monumentos, la existencia de una gran parte de los pueblos de que se componía el convento jurídico asturicense, los cuales con sus nombres antiguos y modernos y situación respectiva detalla y explica, poniendo a Noega cerca de Llanes como trasmontamos en la provincia de Oviedo.

Habiendo dejado Noé mucha gente, de la que le acompañaba, en la primera población que fundó en Asturias llamada Noega,–hoy Noriega en el Valle de Rivadedeba, tres leguas al Oriente de Llanes, y dentro de su partido judicial– para que la habitasen y fueran fundando otras poblaciones nuevas, no sería ciertamente Llanes la última que se fundase y por tanto, debemos creer que Llanes con este o con otro nombre, sea tan antigua como el mismo Tubal nieto de Noé 2170 años antes de Jesucristo.

II. Términos de Asturias Antigua

La región de los Astures en remotos tiempos se hizo dilatadísima y lejos de limitarse a la estrecha y reducida extensión que hoy tiene, segun el citado Sangrador y Vitores, empezaba su linea divisoria, que por Oriente la separa de los Cántabros, en Llanes y San Vicente de la Barquera, y siguiendo por Peñamellera y las elevadísimas montañas de Liévana, recorría a lo largo por medio día el curso del río Esla que servía de límite a los astures y vaceos hasta su confluencia con el Duero. Desde este punto, la línea se dirigía a Occidente por la Cordillera de los montes de Astorga, que separaban los antiguos reinos de León y Galicia, correspondiendo a las Asturias la parte Oriental de las montañas de Sanabria y Ponferrada, y prosiguiendo por Galicia a la Cruz de Ferro, entraba por Asturias hasta tocar en Castropol, pudiendo decirse con propiedad, que esta provincia tuvo en lo antiguo la figura de un triángulo, cuyos dos ángulos superiores eran Llanes y Castropol, y el inferior la confluencia del Duero con el Esla por bajo de Zamora.

III. Reyes Fabulosos

Es un hecho cierto confirmado por la historia que a Tubal, nieto de Noé, primero que gobernó a España por espacio de ciento noventa y cinco años, le sucedió su hijo Hibero, hasta cerca del año 1971 antes de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo. A Híbero, le sucedió Idubeda, y después de él su hijo Brigo–(año 1906)–. Cuentan de este príncipe que envió españoles a poblar muchas provincias extrañas, y entre ellas la Hibérnia, que ahora llaman Irlanda, pudiéndose congeturar que estos españoles eran asturianos. Despues de Brigo, tuvo el gobierno de España, Tago, y reinó 33 años, muriendo el de 1824 antes de la venida de Cristo, siendo elegido en su lugar Beto Fordetano. A la muerte de Beto, y quedando España sin legítimo sucesor, se apoderó de ella tiránicamente Deabo el africano, por lo que se le llamó Gera o Gerión, que quiere decir extranjero. Con este príncipe trabó batalla Osiris Dionisio, gran capitán venido de Egipto, y matando a Gerión, repartió entre sus hijos, que se llamaban los Lominos el gobierno de España, volviéndose después a Egipto, donde fue muerto traidoramente por su hermano Xipton, inducido por los mismos hijos de Gerión. Vino despues contra ellos el famoso capitán Oron Livio, llamado comúnmente Hércules, hijo del mismo Osirís y en venganza de la muerte de su padre, se la dio a los tres hijos de Gerión, y regresando a su tierra, dejó por príncipe o Gobernador a su hijo Hispalo, año 1716 (antes de Jesucristo).

Volvió Hércules a España a poner en orden el gobierno y acá murió. A Hércules sucedió un capitán suyo llamado Héspero, (año 1652) el que gobernó hasta que su hermano Atlante, vino de Italia y le arrojó del reino.

Héspero huyendo de Atlante, se fue a lo último de España, que es Asturias, donde halló medios y recursos para armar una regular flota con los buenos marineros que siempre hubo en esta costa, y partió (1641) en busca de tierras desconocidas, dando en las remotísimas y muy ricas que se llamaron Hespérides.

Atlante regresó a Italia (1631) dejando como Señor a su hijo Sícoro, al que por su muerte sucedió Sícano, quien (1558) fue también a Italia con un escogido ejército de españoles, dando principio a la fundación de Roma.

A Sícano le sucedió Sicíleo; (año 1553) el cual, acompañado así mismo de españoles, marchó a Italia a poner fin a las discordias entre los hijos de Cambon Blasco, Corito, que se disputaban el Gobierno.

Muerto Sicíleo, los españoles proclamaron Rey a su hijo Luso (1509) quien vino a España trayendo consigo a los citados Cambon Blasco, Corito, parientes suyos, y de aquí traen su origen los Coritos propios de Llanes, Cabrales, Cangas de Onís y sus lugares circunvecinos. Esto viene a justificar, que Llanes existía ya en aquellos remotísimos tiempos.

IV. Religión y costumbres de los Asturianos

El carácter, religión, costumbres y traje de los Astures lo encontramos descrito con prolijidad en Estrabón. Dice que adoraban a un Creador Dios único, entonando en su obsequio, cantos de amor al Sol, Luna y Estrellas. Que era pasmosa su destreza en disponer emboscadas y en adivinar y eludir los lazos que se les tendían. Que eran robustos y ágiles y sueltos, y que ejecutaban sus evoluciones guerreras con rapidez y orden. Que vivían frugalmente, siendo el agua su bebida y su lecho el suelo o haces de heno. Que preferían la carne del macho cabrío a cualquier otra vianda. Que peleaban a pie o a caballo, armados o a la ligera o completamente dispersos o reunidos, y se ejercitaban en la carrera y la lucha. Que solían montar dos en un caballo, y en el momento del combate uno de ellos echaba pie a tierra. Que la mayor parte del año se alimentaban de bellotas, las que secaban quebrantaban y molían, amasando con su harina un pan que se conservaba largo tiempo. Que su bebida más estimada, era una especie de cerveza. Que también usaban el vino, pero que era muy escaso, consumiéndose en los banquetes de bodas y funerales, lo poquísimo que el país producía. Que usaban manteca en vez del aceite, y que comían sentados en poyos, situándose por órden de edad o dignidad, pasando las viandas de uno en otro. Que en los convites, danzaban al son de la flauta o del clarin, formando pasos figurados, doblando las rodillas y saltando alternativamente. Que también usaban mucho una danza guerrera, en que los hombres asidos de las manos, empuñando la lanza y moviendo los brazos, formaban un círculo que giraba sobre sí mismo. Que acompañabanse entonces con canciones belicosas, en que se referían los altos hechos de los héroes, y acababan por formar un simulacro de batalla. Que traficaban por medio de cambio, o se servían de láminas de plata, que cortaban en fragmentos, para pagar los efectos que querían adquirir. Que apredreaban a los condenados a muerte, y ejecutaban a los parricidas fuera de los pueblos. Que sus casamientos eran a la manera de los griegos. Que colocaban sus enfermos en los caminos públicos, cual hacían los egipcios, para utilizar los consejos de los viandantes que hubiesen sido acometidos de la misma enfermedad. Que hasta la conquista de los romanos sólo conocieron barcos de cuero, con los que recorrían las costas. Que llevaban en la guerra, unos broqueles cóncavos, de dos pies de diámetro, que colgaban en las correas sin hebillas, ni asas, usando también el puñal. Que sus cotas de armas, eran generalmente de lino, y apenas se encontraba quién las llevase de malla. Que los peones llevaban botines largos o polainas, e iban armados de venablos o lanzas con la cuchilla de bronce, usando sayos negros, y las mujeres vestidos bordados.

Los Astures según Josefo, eran guerreros hasta el delirio: para ellos, la vida sin la guerra, era sinónimo de afrenta y de baldón; profesaban tanto odio al nombre romano, que aliados muchas veces a los Cartagineses para combatir contra las legiones de la república, consideraban como enemigos a los países vecinos sugetos al yugo de Roma; así es que los Astures en unión de sus hermanos los Cántabros, hacían terribles escursiones al país de los Vácceos: una de ellas, dió lugar a la sangrienta guerra movida por Augusto, deseoso de esterminar a gente tan brava y aguerrida, y que continuamente hostilizaba a sus nuevos súbditos.

Con gran pompa se abrió el templo de Jano, y las legiones romanas invadieron las Asturias.

Todas las historias están contestes en ponderar la heróica resistencia de los Asturo–Cántabros, que como inferiores en número y disciplina, jamás se presentaban a campal batalla, viéndose precisados los romanos a penetrar en parages montuosos y cubiertos de bosques, donde esperimentaban considerables pérdidas, siéndoles inútil su táctica y pericia. Cuando algún cuerpo de asturianos se veía estrechado, aniquilado y sin salida de sus posiciones, preferían sucumbir antes que rendirse, incendiando su fortuna y lugares, y arrojándose a las llamas. Los que caían prisioneros y vendidos como esclavos, degollaban a sus amos y volvían a pelear en sus montañas, así que era para Augusto y sus legiones, imposible la completa sumisión de los Asturianos. Sucumbieron por último, en una reñida acción, la mayor parte de los Asturo–Cántabros, recogiéndoseles muchas armas que guardaban ocultas, y destruyéndoles hasta los cimientos las principales plazas fuertes. También se mandó a los habitantes que a fin de preveer nuevos levantamientos, se bajasen a los llanos, abandonando las enriscadas montañas. Entonces se cerró el templo de Jano, terminando la lucha de seis años, que no obstante, algunos guerrilleros la siguieron hasta el tiempo de Tiberio.

V. El Cristianismo

Desde los primeros tiempos de la Iglesia con el nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, se estendió el Cristianismo por toda la provincia, sufriendo el martirio y las persecuciones, multitud de fieles de ambos sexos. El primero que predicó la divina palabra en Asturias, fue el Apóstol Santiago, convirtiendo a muchas gentes, entre ellas al que la Iglesia Católica venera con el nombre de San Torcuato, quién sucedió a aquel en la predicación. La semilla de la fe, fructificó a pesar de los martirios, y a la caída del imperio romano, todos los habitantes de Asturias profesaban la religión Católica, como antes adoraban a un creador único, dedicándose a levantar templos, y a convertir los de los gentiles en Iglesias Cristianas.

VI. Destrucción del Poder Romano

Dice el Señor Rendueles Llanos en su historia de Gijón, de donde tomamos estos apuntes, que sonada la hora de la destrucción del poder romano, Godos, Suevos, Alanos, Vándalos, Francos borgoñeses, Hérulos, Sarmatas, y tantas otras razas, se desparramaron desde el Vístula y el Danubio, hasta el Tajo y el Betis, llevando delante de sí la devastación y el exterminio; que España fue dividida entre godos, vándalos, suevos y alanos haciéndose señores de ella, a excepción de Asturias, Cantabria y Celtiberia. Los Asturianos, comprendiendo el peligro de verse sojuzgados por los bárbaros, sintieron renacer en sus corazones los sentimientos de su antigua libertad, y proclamaron su independencia corriendo animosos, al son del bélico clarín, a rechazar la fúria de los nuevos conquistadores.

No contentos los bárbaros de la parte respectiva que a cada nación había tocado, pronto miraron con ojos de codicia las posesiones de sus vecinos; así se enredaron en guerra unos con otros. Los Alanos vencieron a los Vándalos. Los Godos a los Suevos, y los Asturianos como verdaderos cristianos, viendo que Recaredo abrazaba el catolicismo, reconocieron el señorío de los Godos, pero reservándose el gobierno y suprema autoridad en sus duques. Trescientos años duró este poder y señorío; fuerte poderoso y grande primero, después vicioso y corrompido con Witiza, y últimamente muerto por el sensual don Rodrigo en su derrota de Guadalete el domingo 9 de Septiembre de 714, en que triunfaron los árabes y se posesionaron de España.

VII. Pelayo y Covadonga.

El Infante don Pelayo, llorando la muerte que a su padre Fávila le había dado el Rey Witiza, y los desastres de la España entera con estos nuevos dominadores, se retiró a Asturias. Allí, con la afrenta que recibió de Munuza, se avivaron sus deseos de libertar al pueblo cristiáno, enarboló el pendón de la fe; y a la santa voz de religión y patria, en el corazón de aquellos riscos, y entre un puñado de Asturianos y Godos fieles a su causa, nació el pensamiento, grande, glorioso, salvador aunque temerario de recobrar la nacionalidad perdida, y sacudir el yugo de las armas sarracenas.

Para describir el histórico valle de Covadonga y los memorables sitios que sirvieron de cuna a la restauración de la monarquía, nada nos parece mejor que reproducir la que de aquel valle hace nuestro ilustre Jovellanos. Héla aquí... «Vuela a Asturias, penetra hasta las faldas del monte Auseva, y a vista de una de aquellas grandes escenas en que la naturaleza ostenta toda su majestad... una montaña que escondiendo su cima entre las nubes, embarga con su horridez y su altura la vista del asombrado expectador: un rio caudaloso, que taladrando el cimiento, brota de repente al pie del mismo monte: dos brazos de su falda que se abanzan a ceñir el río, formando una profunda y estrechísima garganta: enormes peñascos, suspendidos sobre la cumbre, que anuncian el progreso de su descomposición, sudaderos y manantiales perennes, indicios del abismo de aguas cobijado en su centro; árboles robustísimos que le minan poderosamente con sus raices: ruinas, cabernas, precipicios...» . En el fondo de estas montañas, y en medio de una tajada peña, aparece la Santa cueva, cuya boca es de unos cuarenta piés, y el fondo de treinta.

A este paraje, a este sitio, convocó don Pelayo a los Godos y Asturianos después de una reunión tenida en el valle de Cangas, donde aclamándole por caudillo, se acordó resistir a las tropas árabes que venían en su busca: numerosísimas huestes musulmanas al mando de Alkamak, enviadas desde Córdoba por órden de Tarif, que no se juzga seguro en el trono, mientras el lábaro de la cruz ondée en las elevadas cumbres del Auseva, y al cual acompaña el traidor Obispo D. Opas, que en vano intentó con mil ofrecimientos quebrantar la fe que brillaba pura en el noble corazón de don Pelayo, penetran por los desfiladeros del valle; llegan al pie de la cueva, sale Pelayo al frente de algunos centenares, y el ejército infiel y su caudillo, acribillados por las saetas; heridos por las piedras; aplastados por las rocas que manos invisibles remueven de su eterno asiento, y dejan caer rodando a la hondonada, quedan allí sepultados.

En esta memorable batalla, librada el dia primero de Agosto del año 718, tomaron una parte muy principal los Coritos de Llanes, pues como dice el romance, canto popular asturiano.

Aquellos son, los Llaniscos,
de los que dijo la fama,
que a fuer de Coritos, saben
guardar su campo y su casa.

VII. Los Coritos

Sobre los antiguos Curétes o Corítos, da curiosas y notables noticias el célebre P. M. Sarmiento en sus memorias para la historia de la poesía española.

Los famosos Corítos o Curétes, según el P. Perron, fueron sacerdotes de los Celtas; y cuando iban a la guerra, saltaban armados, batiendo recíprocamente sus escudos y dardos, al compás del crustico instrumento llamado Cetra o Ketra de cuero, o engastado en el cuero algun metal sonoro, de cuyo ruido o crustica armonía llamáronse Kretes o Curetes.

Su etimología segun Fornot debe buscarse en Egipto o en Fenicia por que tienen su orígen de la voz bíblica Keréticos o Ceretheos que dieron su nombre a Kreta, y trasladados a otros países se llaman Kretes o Curétes.

Sea de esto lo que se quiera, es lo cierto, que al Oriente de la villa de Llanes, y a poco más de dos Kilómetros de ella, existe una aldea llamada Cué, hoy parroquia de San Román, a cuyos naturales se dió siempre el sobrenombre de Coritos, y entre ellos lo mismo que entre los demás del concejo, aun se conserva la costumbre de usar corizas, que es un calzado de cuero sujeto con correas, y cubrir sus vestidos con pieles para contrarrestar las inclemencias del tiempo, haciendo vanidad de que los llamen Curetes, y blasonando de ser ellos los antiguos Coritos.

Pero ¿qué motivo hay para ello? No pueden ser las conjeturas sobre su origen, y destino de sacrificios los que les dió el P. Perron. Luego es preciso, dice Sarmiento, apelar a la derivación de la voz corium o coriza en la significación del vestido y calzado de cuero, y como los naturales del país, fijar su época en la derrota de los moros en Covadonga.

Es tradicción muy sentada, dice el Botánico p. 42. que el mote de Coritos que los Llaniscos estiman tanto, toma su origen de la emboscada conque vestidos de pieles sorprendieron a los arabes en Covadonga: pieles que ya llevaban contra los fenicios cuando pretendieron escalar las montañas de Asturias, y contra los romanos despues.

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