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En lo alto de la Horcada, en que se unen las dos cuestas o lomas de Cué y de la Arquera, términos del pueblo de la Portilla, a poco más de un kilómetro de esta villa, y al lado del antiguo camino real, se construyó en 1559 una ermita a espensas de don Pedro Sánchez de Llanes, Arcipreste y Beneficiado de la parroquial de la misma Villa, con la advocación del Santo Cristo del Camino, o de la Horcada, y en que se venera la imagen del Crucificado.
En los primeros años del presente siglo, y a espensas del Señor D. Pedro Diaz Escandón, Dean de Guadalajara en Nueva España, hijo de la parroquia de Llanes, se reedificó y ensanchó dicha capilla, construyendo además en su frente por el Sur, un magnífico atrio o portico embovedado con asientos cómodos a los lados para descanso de los viageros que por allí transitan, y de los devotos que van a visitar la imagen.
El Párroco o Beneficiado más antiguo de Llanes, es el administrador encargado del Santuario y de su culto, y tiene para su cuidado y custodia un Santero o Ermitaño que vive allí en casa independiente de la capilla, sin más estipendio que las limosnas que puede recoger de los fieles, para su alimento y la de la luz que arde continuamente delante del altar. Es verdad que este Ermitaño tambien tenía allí, hasta hace poco tiempo, un terreno cercado que le servía de huerta, y le producía algunos frutos y hortalizas, pero, por denuncia malévola, se incautó de ello el Estado y lo enagenó, siendo hoy propiedad particular, y sin que al Santero se le haya remunerado como correspondía en justicia, de este auxilio para su manutención y para el culto del Cristo crucificado.
El ocho de Julio de cada año dá principio un novenario, y el diez y seis se celebra el triunfo de la Santa Cruz, con una solemne misa a cuyos actos concurren multitud de fieles. En este último dia, y en los alrededores de la capilla, a la sombra de corpulentos robles, castaños y otros árboles, se reunen en romería la mayor parte de los habitantes del Concejo, y aún de los limítrofes, con ofrendas y en cumplimiento de piadosas promesas.
Pocos, acaso ninguno, de cuantos viven en estos contornos, al marchar a sus tejeras, al servicio de las armas o a las Américas, habrán dejado de visitar al Santo Cristo del Camino, para implorar su proteccion y amparo, y pocos también al volver a sus hogares o a la madre patria, dejan de acudir ante el mismo Señor Crucificado a darle gracias.
Nada puede ponderar tanto la devoción que los naturales profesan al Santo Cristo del Camino como las siguientes estrofas, tomadas al acaso, de dos bellísimas composiciones tituladas «Amor patrio» y «La fé» escritas en México por el ciego D. Salvador de la Fuente, hijo del pueblo de Tresgrandas de este concejo, que publicó El Oriente de Asturias periódico de Llanes. el 1º de Agosto de 1868 y el 11 de Septiembre de 1885.
Desde la cumbre donde se halla situada la capilla del Santo Cristo del Camino, se admira el más bello panorama que la naturaleza pudo ofrecer a los ojos del hombre. Véase como la describe el señor Saro en sus pequeñas jornadas.– «Al Sudeste, los Valles de Mijares y Pendueles con sus frondosos bosques, sus blanqueadas casas, sus fuentes y arroyos, sus tierras y prados, todo salpicado de blancas rocas calizas, y sombreado por las estribaciones del Cuera, es maravilloso; el pico de Soberrón ante mural y sosten del mismo Cuera, en cuya cima se ven aun en el dia vestifflos de fuerte castillo, que servía de refujio y defensa a los naturales del antiguo territorio de Aguilar en la época de la Reconquista, y en las invasiones marítimas de los Normandos; al Noroeste, Llanes con sus arrabales, bosques que son berjeles, caseríos que parecen blancas palomas, pueblos que semejan villas recien construidas; Póo, Celorio, Barro, Niembro, gran parte de Posada ; todo esto se domina desde aquella altura y festonando la tierra firme el mar en toda su grandeza. Pintaros la magnificencia del cuadro que se ofrece a la vista de quien seducido por el amor a lo bello, asciende a la cuesta del Cristo, es tarea muy superior a mis fuerzas; confieso que no tengo alientos pára tanto, as¡ que dejo con sentimiento tan agradable sitio, y ruego a quien allí no haya estado, que suba a él, y por si mismo vea que la realidad supera en mucho a cuanto de paisage tan encantador pueda decirse por la imaginación más lozana y fantástica».