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Iglesia parroquial de Niembro, Barro y Balmori

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El 8 de diciembre de 1791 se reunía la asamblea de vecinos de estos lugares con el fin de acordar el sitio en el cual levantar el nuevo templo, según había ordenado el obispo Agustín González Pisador. Los feligreses decidieron unánimemente otorgar toda la confianza al señor cura Joseph Moris Ramírez, para que decidiese la zona, siendo el lugar escogido la ensenada que hoy acoge este bello conjunto.

La obra fue diseñada por el aragonés Silvestre Pérez cuando aún era un estudiante en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. La primera piedra se puso en 1794 y el nuevo temp10 fue bendecido en 1804.

El interior del tabernáculo está cargado de la rigurosa elegancia que aportan las inspiraciones de la Ilustración, resaltando la limpia directriz de los pilares de las líneas de moldura y de los arcos; lo que permite apreciar la serenidad de las desnudas masas blancas de muros y bóvedas.

Silvestre Pérez (1767-1 825) ensayó en esta iglesia las peculiaridades de lo que serian sus modos arquitectónicos y que iría reflejando en otras obras más importantes de su trayectoria profesional, como son los templos de Motrico (Guipúzcoa), Mugardos (La Coruña) y Bermeo (Vizcaya).

Con la llegada al trono español de José Bonaparte, Pérez accedió al cargo de arquitecto mayor de Madrid, aunque casi todo su responsabilidad se limitó a la elaboración sobre el papel de proyectos no construidos.

El arquitecto guió sus pasos a Francia tras la huída del hermano de Napoleón, de donde volvió en 1815. Se afincó en el País Vasco comunidad en la que construyo varios inmuebles, como los desaparecidos teatros de Vitoria y Bilbao. Asimismo levantó la antigua Casa Consistorial de San Sebastián y la Plaza Nueva de Bilbao.

Los expertos creen que también es obra de Silvestre Pérez, el diseño del cementerio anexo a la iglesia de Nuestra Señora de los Dolores. Si el templo se levantó sobre un cueto, el cementerio fue asentado en la arena recogida por los muros de contención.

Este camposanto es uno de los más originales de toda Asturias por su excepcional emplazamiento, destacando entre sus panteones el situado en el ángulo Nordeste. En esta capilla mortuoria se advierten aquellas formas tan gratas a los diseñadores de cenotafios de finales del siglo XVIII e inicios del XIX.

Alejándose de esta magnífica construcción por la calzada hacia Barro, se puede contemplar en toda su grandeza la sabia conjunción de volúmenes que Silvestre Pérez le supo dar al templo, visión que se puede culminar de modo fascinante en una hora de pleamar, cuando el conjunto sacro se refleja en la lámina de agua de la ría de Niembro.

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