José Ignacio Gracia Noriega

Los lenguajes trocados
 

No deja de resultar pintoresco que la depauperada (intelectualmente, por supuésto) izquierda española (y no me estoy refiriendo tan sólo al PSOE), al carecer de un lenguaje, haya tenido que tomarlo de la derecha más cerril y mística. Hoy la izquierda promueve banderas, patriotérismos, novenarios, romerías y paleografías varias; nos hablan de la Patria (mejor dichó, de «las patrias»), de nacionalidades, de mínimos hechos diferenciales. A mí esta izquierda súbitamente fervorosa de la numismática y de la filología me recuerda a una comedia bufa con mucho cartón piedra y mucha barba postiza. La supuesta izquierda española ha cambiado su antiguo lenguaje, crítico y realista, por este otro, vagaroso y sentimental. Ha cambiado la filosofía por la etnografía, el racionalismo por el voluntarismo, sin que con ello haya mejorado, pues los mismos que ansían nacionalidades, como si eso fuera la máxima aspiración del internacionalismo proletario, acusarían de nacionalistas a Kipling o a Jünger si alcanzaran a saber quiénes son y qué escribieron.

Cuarenta años de silencio (de silencio impuesto y, no nos olvidemos, aceptado) han determinado que el lenguaje de la izquierda española se haya perdido y que, no para recuperar el antiguo, que de momento es irrecuperable, sino para sustituirlo por cualquier cosa, se haya llegado a este delirio de banderas y de cultura paleográfica. Por los ciegos designios de los votos (y en este case concreto sí tiene razón Borges cuando indica que la democracia es un error de la estadística) le tocó al PSOE, en la lotería preautontómica y diputacional asturianas, ocuparse de los asuntos relacionados con la cultura. ¿Qué idea tiene el PSOE de la cultura asturiana, de la cultura en general e incluso de la cultura proletaria, aunque Trotsky negara, muy sensatamente, que esta última pudiera darse? A lo que se ve, ninguna, por lo cual, y a falta de mejores propuestas, están llevando a cabo una insólita labor en favor de la cultura popular apoyando saberes tan conspicuos como la paleografía, la numismática, la epigrafía y 1ª filología. No digo que el dinero que se gasta en estas historias estaría mejor empleado en bibliotecas pero si creo que esto último se aproxima más a lo que un partido obrero debiera entender por «cultura popular».

Sin embargo ¿es sólo La Izquierda quién ha perdido su lenguaje? Los periódicos que Informaron el 25 de abril de 1981 sobre el congreso de las juventudes de UCD nos demuestran que esta derecha también ha perdido su lenguaje (si es que alguna vez lo ha tenido) y hasta el norte. Hasta donde lo conozco, pues no soy seguidor de las gestas de ese partido, UCD tiene un Lenguaje basado en latiguillos, entre los que destaca, por lo significativo, el difundido: «Yo diría». Hay otros hasta la palabra «democracia» es latiguillo cuando los ucedistas se ponen a repetirla insistentemente. Pero el condicional «yo diría» implica una actitud irresoluta o escéptica. ¿Creen realmente en el sistema democrático hombres indecisos que no se deciden de una vez a decir «yo digo», «yo hago»? Yo no pretendo entrar en profundidades sino tan sólo indicar que una acumulación de latiguillos no es un lenguaje, y esto acaso lo hayan tenido en cuenta las juventudes de UCD cuando proponen, ni más ni menos y ahí es nada, la legalización de la prostitución y del aborto terapéutico. Al leer tal no pude contener mi asombro. Decimos que la izquierda le ha robado a la derecha su lenguaje emocional, patriotero y epigráfico, y en justa compensación tal vez las. juventudes ucederas entran a saco en manidas reivindicaciones izquierdosas. Mientras el PSUC reivindica la nación catalana y la festividad de San Jorge como si fuera un partido de fabricantes de paños de Sabadell y el PSOE de Asturias la Academia de la Llingua llariega, como sí quienes votaran por él fueran eruditos decimonónicos. Las juventudes de UCD se manifiestan en favor del aborto ¡Vivir para ver! ¿No es este un país de locos?

No acabo de ver la razón por la que la legalización del aborto haya de ser una reivindicación de izquierda más bien pienso que asuntos de este índole debieran estar al margen de los programas de los partidos, y mucho más de aquellos qus con tanto empeño y generosidad se opusieron a le pena de muerte Sin embargo una derecha que defiende el aborto por muy moderno que eso sea al menos en España deja de ser derecha para convertirse en plata de circo.

Se dice que los partidos españoles de hoy se parecen; cuando menos dicen las mismas cosas Esto, no es lo grave, sino que las digan empleando similar lenguaje, el lenguaje de la demagogia. Aunque tal demagogia se me antoja inútil: ni el PSUC va a arrancar ningún voto a la burguesía catalana por mucho que venere a San Jorge y diga que Cataluña es nación, ni el PSOE va a aumentar su electorado a base del fervor por llinguas y piedras ni (temo) el señuelo del aborto va a encauzar hacia las agua de UCD el voto de una sola feminista.

José Ignacio GRACIA NORIEGA

 
La Nueva España • 5 de febrero de 1981
 

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