José Ignacio Gracia Noriega

El huevo o la gallina
 

En sus habituales (y semanales, cual homilía) declaraciones a «La Hoja del Lunes» el presidente De Suya Cienfuegos Jovellanos (que ha superado en fotogenia incluso al mismísimo don Antonio Masip ya que en la página a la que me referiré de inmediato consta nada menos que en. dos fotografías inéditas y de buen tamaño en la de arriba, en dura actitud militante, impasible el ademán, gesto «demodé» y rotundo —y lástima que figure a la derecha este estricto manual gráfico de observancia ciudadana—, y en la de abajo, más mundana, de primer plano), declara, espero que literalmente, a la caleya y al universo mundo: «Establecer polémicas sobre la celebración del «Día de Asturias» sería crear un problema que no existe».

En efecto: es un problema que no existe. Hace diez años tal problema no existía, ni se vislumbraba. Mas no es justó (ético» se dice ahora en jerga societaria, y lo mismo sirve para un roto que para un descosido, con lo que se está desvaneciendo el significado, tan preciso, de una de las palabras más ilustres de nuestra civilización occidental) ni oportuno indicar que la discusión de tal efeméride sería crear un problema ficticio, porque con ello el señor De Silva Cienfuegos Jovellanos está afirmando que quien tal haga sale a cazar «cordobeyos», cuando fueron los actuales cofrades del señor presidente —que de aquella apenas existían, y en entusiástica complicidad con otro partido que actualmente no existe— quienes pusieron a tales «cordobeyos» en circulación. Aquí nunca hubo «Día de Asturias», y por lo tanto, discutirlo en tiempos pasados sería incongruencia, mas si ahora lo hay, aunque haya surgido de la bocamanga de algún mago, ¿por qué no ponerlo en cuestión? Todo lo que existe puede ser objeto de dilucidación y de polémica, según doctrina ya antigua y muy enraizada en el pensamiento occidental. Cabrá preguntarse si el «Día de Asturias»’ tiene realmente razones para existir, pero aún en ese caso merece la pena la polémica. No sería correcto polemizar con aquel a quien se le ocurre una bobada y la realiza en su casa sin hacerla pública, pero sí (más que nada por ejercicio de estilo literario) con quien organiza bobadas para la publicidad y el boato.

Y bobada supina es hacer día de Asturias precisamente en Asturias pero esto, por sabido, no va a ser enmendado. Vayamos a la finalidad diáfana. Ni más ni menos se proponen nuestros actuales gobernantes una festividad laica y nómada. El nomadismo no tiene mayor importancia ni logrará mejores objetivos, salvo, acaso, el de agudizar las rencillas entre aldeas, si es que éstas le concedieran alguna importancia a un acto político disfrazado de romería, y no prefirieran al forzado folklorismo surgido últimamente en la urbe los fastos toscos pero propios del «Día de la Sacramental». Lo otro, recalcar el carácter «laico» de esta nueva fiesta, es improcedente, pues es actitud poco laica organizar una auténtica charanga sólo para hacerle la competencia a una festividad religiosa con cierta implantación en Asturias. Los laicos se preocupan poco de los curas y de sus asuntos, y suelen dejarlos en paz siempre que los curas les dejen en paz a ellos.

El «Día de Asturias» se inició con una cierta polémica: que ésta no persista, revela lo poco que le interesa esta cuestión a los asturianos. De una encuesta entre personalidades publicada antaño en la prensa con este motivo, recuerdo la respuesta del P. Patac: «Entiendo de Asturias, no de fiestas».

 
La Nueva España • 12 de Septiembre de 1983
 

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