José Ignacio Gracia Noriega

Las declaraciones de Carlos Andrés Pérez
 

No han dejado de ser sorprendentes las declaraciones del presidente venezolano, Carlos Andrés Pérez, pero, desgraciadamente, estamos acostumbrados a escuchar cosas semejantes, y procedentes de amigos, para mayor inri. Los periódicos y otros medios informativos destacan que el presidente venezolano es amigo de España y de Felipe González; creo que nos debe traer sin cuidado que lo sea del actual presidente del Consejo de Ministros español; bástenos con que lo sea del país que el señor González dirige. A veces, los amigos son los peores, porque se permiten excesos de confianza. Por otra parte, algunos amigos del señor González no son del todo satisfactorios, aunque se comprende. Entre políticos no hay amistades, sino intereses, y quien crea lo contrario es un ingenuo; incluso el propio señor González es un ingenuo si piensa que va a sacar tanto provecho de abrazar a Daniel Ortega como de desairar a Ronald Reagan. La política, sin que sea una ciencia exacta ni mucho menos, no se deja llevar por sentimentalismos.

Sin embargo, Carlos Andrés Pérez, amigo o no, ha perdido una estupenda opor tunidad de callar. Nadie le pedía opinión en asunto tan es pinoso como el de ETA, y mucho menos una toma de postura favorable a los terroristas. Es indudable que los problemas de los demás se ven con mucha mayor tranquilidad que los propios, y el mandatario venezolano ha demostrado sobradamente, a las pocas fechas de tomar posesión por segunda vez como presidente, que no tolera desórdenes: curiosamente otro país complaciente con ETA, como Argelia, tampoco se anduvo con distingos y menudencias cuando sus ciudadanos se echaron a la calle. A lo mejor, para Pérez es una exageración llamar terroristas a los etarras españoles; pero menos tolerancia demostró con los manifestantes venezolanos, a quienes dispersó a balazos.

Y conste que no coloco en el mismo platillo de la balanza a Venezuela y Argelia. Como escribió en su editorial un diario madrileño: “Si esta flagrante ligereza hubiese provenido del gobierno argelino, de Gadafi, de Castro, Ortega o cualquier otro de los integrates de la desgraciadamente copiosa nómina de dictado res sedicientemente progresistas del Tercer Mundo, no nos causara extrañeza(...) Lo grave es que emana de un político elegido dos veces democráticamente y presidente de una gran nación”.

Yo siento las declaraciones de Caños Andrés Pérez más por Venezuela que por otra cosa. Que haya traicionado la amistad de Felipe González es otro cantar. Los amigos hispanoamericanos del presidente del Gobierno español a- veces abusan un poco de su bondad: ahí tuvimos, sin ir más lejos, al inefable García Márquez, que debe estar convencido de que haber recibido el Premio Nobel de Literatura es como disponer de una patente de corso con derecho a romper relaciones con estados soberanos, amenazando con que no volvía a España si no se modificaba una disposición española que no era de su agrado y que finalmente se modificó. Que no hubiera vuelto. Pero Venezuela es otra cosa. Es una gran república unida a España por fuertes vínculos, y a Asturias muy especialmente. Claro que los etarras no dejarán de ser viles asesinos por mucho que diga o deje de decir Pérez; pero es una lástima que esos exabruptos procedan de un país amigo, tan presente en España como España en él.

 
La Nueva España • 11 de mayo de 1989
 

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