José Ignacio Gracia Noriega

Leoncio Más y Zaldúa, artillero
 

Nacido en Avilés en 1853, estudió en la Academia de Artillería, participó en el sitio de Cartagena y en la guerra carlista y fue autor de diversos y exitosos tratados militares

Entre los militares nacidos en Asturias que alcanzaron una alta graduación existe una inequívoca tendencia a compaginar la práctica y la acción con la teoría y el estudio. El más importante de estos teóricos militares fue, naturalmente, Álvaro Navia Osorio, autor no sólo de unas fundamentales «Reflexiones militares», que influyeron sobre Von Clausewicz y fueron leídas por Napoleón, sino que además fue militar en activo que murió con las armas en la mano en una desdichada salida de la plaza de Orán, sitiada por los islámicos (esos «tradicionales amigos de España», según se empeñan en demostrar los oficiantes de la «corrección política»). Pero antes que él otro soldado asturiano del siglo XVI, Francisco Menéndez Valdés, nacido en San Andrés de Cornellana, según Fuertes Acevedo, o en Gijón, según Rendueles Llanos, y que luchó en Flandes, llegando a ser jefe interino del Ejército de operaciones después de la marcha del duque de Alba y hasta la toma de posesión de su sustituto, don Luis de Requesens, es autor de un célebre «diálogo militar» que lleva por título «Espejo y disciplina militar, en el cual se trata del oficio de sargento mayor», publicado en Bruselas en 1586, y que conoció diversas reimpresiones en Bruselas (1590), Madrid (1591) y Amberes (1601), en que «adelantándose a su tiempo, esta obra constituye un modelo de penetración psicológica, un conocimiento absoluto del hombre y los resortes que le mueven, y al mismo tiempo, un tratado de técnica castrense que agota los conocimientos de la época», según Jesús Evaristo Casariego.

La obra teórica, en el terreno de la artillería, de don Leoncio Más y Zaldúa, es, asimismo, importante (aunque, claro es, no tenga la trascendencia de la obra del marqués de Santa Cruz de Marcenado, o la importancia histórica de «Tratado del sargento mayor», de Menéndez Valdés. Señalo esto con absoluta objetividad y sin infravalorar la figura del coronel Más, sobre quien afirma Teodoro de Ugarte (citado por «Españolito»): «La figura de don Leoncio Más, aunque acaso desconocida o no bastante apreciada en alguna parte del país o aun del Ejército, porque la velaban la modestia de Más y nuestro propio modo de ser y sentir, que no nos permite apreciar más que lo que se agita y exhibe, estaría brevemente trazada con sólo apuntar que Más vivió para el trabajo y para el estudio, y fue una completa síntesis del oficial técnico, uniendo a sus grandes conocimientos tales aptitudes militares que hubiera sido difícil decir si sobresalía como militar o como escritor profesional».

En la actualidad, el coronel Más es director del Museo de Artillería, al tiempo que preside la segunda sección de la Junta Facultativa, y acaba de ser nombrado director de la veterana revista «Memorial de Artillería».

-Así que mire usted, Noriega, que ahora que soy viejo se me amontona el trabajo, y tengo más ocupaciones ahora que cuando era joven, y, en consecuencia, tenía más energías. A la dirección del museo se une ahora la dirección de la revista «Memorial de Artillería». ¡Pues, bendito sea Dios!

-¿Y no pudo renunciar a la dirección de la revista?

-No, porque para mí es un honor dirigirla, ya que está unida muy estrechamente a mi historia como escritor. Yo, en 1880, siendo capitán de Artillería, escribí un libro titulado «La artillería de campaña en los ejércitos modernos», que se publicó en Barcelona. Esta obra tuvo buena acogida en los ambientes profesionales, y gracias a ella fui invitado a colaborar en el «Memorial de Artillería», lo que acepté encantado. Mi primer trabajo aparecido en ella fue un «Estudio sobre las piezas de artillería de sitio», en 1881. A partir de aquel trabajo he colaborado en esa revista constantemente.

-¿Cuándo publicó su último trabajo en ella?

-El año pasado, 1909, sobre «Adiciones y enmiendas al Diccionario de la Lengua».

-Pero ahora esperaremos más trabajos suyos en esas páginas.

-Pues no sé qué decirle, porque un asunto es escribir en una revista y otro dirigir una revista. Al director concienzudo de una buena revista profesional no crea que le queda mucho tiempo para escribir. Yo ahora escribo mucho menos que cuando era más joven, y no porque no tenga asuntos que tratar. Es precisamente cuando uno es joven cuando tiene pocos asuntos que desarrollar por escrito. Los temas de nuestras obras nos los van proporcionando la experiencia y el conocimiento. Pero también con los años hay más ocupaciones y responsabilidades. Así que mi último libro ha sido la «Memoria acerca de los estados mayores centrales», escrita en colaboración con don José Centaño y publicada en Madrid en 1906.

-Usted es asturiano, pero ¿de dónde?

-De Avilés, donde nací el 13 de enero de 1853, hijo de don Carlos Más y de doña Felisa Zaldúa y Barrena. Mi hermano, el teniente coronel Alejandro Más, profesor numerario de la Escuela Superior de Guerra, es autor de importantes obras técnicas sobre topografía, fototopografía, estereofotogrametría, etcétera.

-O sea, que es otro militar técnico.

-Sí, desde luego. Pero los dos somos militares ante todo. Yo obtuve las estrellas de capitán combatiendo en la última guerra carlista.

-¿Se hizo militar por algún motivo especial? -Digamos que porque me interesaba la artillería. Ingresé en la Academia de Artillería en junio de 1866 y salí de ella en julio de 1871, con el grado de teniente y destinado a Pamplona. Entonces Navarra era escenario de la guerra carlista, en la que luché hasta octubre de 1872, en que ascendí a capitán por méritos de guerra.

-¿Y una vez terminada la guerra?

-No voy a referirme a la terminación de la guerra, sino a la proclamación de la República, a consecuencia de lo cual solicité la licencia absoluta en febrero de 1873. Pero a consecuencia de la inestabilidad que atravesaba España regresé al servicio activo en septiembre de aquel año, siendo destinado al sitio de la plaza de Cartagena, en la que se habían levantado los cantonalistas. Durante el sitio mandé una batería, con tal pericia, que me fue confirmado el grado de capitán. Seguidamente participé en otras acciones de guerra en el frente del Norte, hasta el final de la guerra carlista, terminándola con el grado de teniente coronel del Ejército y con el empleo de capitán de artillería, con el que fui incorporado en octubre de 1878 a la guarnición de Cádiz, hasta enero de 1879, en que fui destinado a Madrid con la categoría de auxiliar a la Junta Superior Consultiva de Guerra, en el Ministerio de la Guerra, cargo que desempeñé hasta octubre de 1882. Durante este tiempo publiqué mi primer libro, «La artillería de campaña en los ejércitos modernos», y «Lecciones sobre el servicio y empleo táctico de la artillería de campaña», publicado en Madrid en 1882. También colaboré en revistas como «Memorial de Artillería», «Estudios Militares» y otras.

-¿Qué destinos tuvo posteriormente?

-Destinos burocráticos: en diciembre de 1883 pasé como auxiliar a la Junta Especial de Artillería, hasta 1887, en que volví a la Junta Superior Consultiva de Guerra. En esta época publiqué diversos libros: «Tiro de sitio», «Tiro de plaza», «La nueva instrucción francesa sobre el empleo de la artillería en el combate», «Simulacro de ataque y defensa en la plaza de Verona», y «Lecciones sobre el servicio de la artillería en los sitios de plazas», en dos tomos, uno de texto y otro de láminas, publicado en Madrid en 1888, y que es libro de texto en la Academia de Artillería.

-Un gran éxito profesional, ¿no es cierto?

-Desde luego, por lo demás, en 1889 fui incorporado a la Inspección General de Defensa, y, al ascender a comandante de Artillería, en 1890, fui destinado a la plaza de Seo de Urgel, como jefe de la Artillería, pero no llegué a tomar posesión porque se consideró que era más útil en la Junta Superior Consultiva de Guerra. Destinado a Vicálvaro en 1891, en 1892 pasé a la guarnición de Madrid, hasta 1894, en que fui nombrado profesor en comisión de la Escuela Superior de Guerra, en la que expliqué Química, Pólvora y Material Explosivo. Al ascender a teniente coronel en 1896 se me confirió esa cátedra en propiedad, hasta el ascenso a coronel en 1904, cuando pasé al Estado Mayor; y en 1905 fui nombrado presidente de la Comisión de Experiencias, hasta abril de 1907, en que fui nombrado director del Museo de Artillería. Y aquí me tiene.

-He oído decir que otra de sus inclinaciones es la historia.

-Y ha oído bien, aunque le dediqué poco espacio. Pero publiqué un trabajo sobre Federico el Grande según Macaulay, que me parece que está bien.

 
La Nueva España • 1 de agosto de 2003
 

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